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9.17.2006 

George W. Bu$h y la guerra contra el terrorismo

Desde que tengo uso de razón la muerte es un tema del que es mejor no hablar. La muerte como negación de la vida. La muerte como episodio final del ciclo vital. Ya saben: nacemos, crecemos, nos reproducimos y... morimos.

Se dice que cuando un niño muere, se convierte en un ángel. Y que cuando un anciano muere, se convierte en un consejero para sus familiares. Los santos no mueren, pasan a mejor vida. Algunos mueren sin trascender apenas. Otros mueren en sus propios pecados y concupiscencias. Los más, dejan esta vida con sus álbumes llenos de recuerdos.

Últimamente parece que la vida no vale nada. Por eso es que la muerte se ha convertido en un circo, y nosotros, los seres humanos, somos los mejores payasos. Los animales irracionales son nuestros espectadores. Algunas veces nos premian con sonoros aplausos y, en ocasiones, se ríen de nosotros.

Los animales matan para sobrevivir. Nosotros a veces matamos por cosas tan ridículas como por unas tierras que no nos pertenecen, o por una deuda pendiente, o por un amor no correspondido, o por una apuesta descabellada, o por una rabia incontenida, o por una ambición desmedida, o por un rayo de locura, o por un odio irrefrenable, o por un deseo desproporcionado, o por envidia, o por error, o por encargo, o por una pieza de alimento.

En Maracaibo, Venezuela, un chico de dieciocho mató a su hermano de quince años, porque éste último se comió un muslo del pollo que la abnegada madre había dispuesto para el almuerzo, obviamente sin su consentimiento. Le clavó la fina hoja de un cuchillo de acero, el cual le perforó un pulmón. Luego lo siguió hasta la calle de enfrente y allí lo acometió con furia, clavándole una y otra vez el cuchillo en sus suaves carnes. Una muerte repudiada, tanto por lo estúpida, como por lo salvaje.

Y uno se pregunta: ¿será que la vida humana ya no vale nada? como para que tomemos el papel de Dios, o de verdugo moderno, y decidamos quién vive y quién muere.

Pero últimamente la violencia y su principal consecuencia, que es la muerte, ronda el aire que respiramos, revolotea a nuestro alrededor como una golondrina en verano, con su olor a alcohol, a formaldehído, a madera de pino.

Lo que aconteció el 9 / 11 / 01 en los Estados Unidos de América, es junto con el holocausto, las dos guerras mundiales, la hambruna en Africa, y el Sida, uno de los episodios más tristes en la historia de la humanidad.

Recuerdo que ese nefasto dia, yo me encontraba en la empresa donde trabajo desde hace unos años. Era un dia de trabajo como otro cualquiera, con su propio afán, con su propio interés, ningún presentimiento, nada fuera de lo común. De pronto, el rumor de que las torres gemelas de New York se habían derrumbado, embestidas por aviones convertidos en proyectiles alados. "Eran Musulmanes" era lo que se decía en ese momento de confusión. "No lo creo" repetía yo, sin darle crédito a mis oídos. "No puede ser. Seguro es una broma". Mas tarde se decía que otro avión se había estrellado contra el Pentágono, y que otro se dirigía a la Casa Blanca.

Entonces yo comencé a preocuparme en verdad y me acerqué al cuartico de eventos especiales de la empresa, donde tenemos un televisor de veintiseis pulgadas con señal de cable. Me quedé en una sola pieza en cuanto vi las imágenes del atentado en New York. El acero fundido de las torres y las columnas de fuego anaranjado que desprendían. Los rostros de nieve y piedra de los habitantes de la gran Metrópolis, los hombres de azul revisando cada milímetro de tierra, hierro y cemento quemados. Los bomberos tratando de apagar los focos de incendio que aún persistían. El miedo en los rostros, la angustia en las miradas extraviadas, la rabia estrujando los corazones heridos, la impotencia a mil por hora.

En ese momento recordé que los miembros más jovenes de mi familia Venezolana tenían previsto regresar ese once de Septiembre a Caracas DC, desde el Aeropuerto de Malpensa de Milan, ya que estaban vacacionando en Italia. Me preocupé por ellos y le solicité un permiso a mi supervisor, para retirarme a mi hogar y así poder hacer una llamada internacional a Italia, el cual me concedió. Mi primo Camillo estaba todavía en Milano, así que lo llamé al celular. "Todo está bien, no te preocupes, Bruno" me dijo. "Cuando se supo lo de los ataques terroristas con los aviones secuestrados en los Estados Unidos, aquí suspendieron los vuelos, para realizar revisiones y chequeos de valijas y pasaportes. Pero el avión salió hace una hora, los muchachos deben estar llegando a Maiquetía a las cinco de las tarde".

Gracias a Dios, mi famila llegó sana y salva, aunque un poco nerviosa, obviamente.

Desde entonces Osama Bin Laden se ha convertido, por mérito propio, en un personaje tristemente célebre.Y su red terrorista, Al Qaeda, en la organización criminal más despreciada por las personas de buena voluntad. Y ambos, asociados con el terror y la infamia. Los estadounidenses y sus autoridades tienen todo el derecho de aborrecerlos y de condenarlos por lo que hicieron, para que paguen por ello. Incluso tienen todo el derecho de organizar una cruzada internacional para la captura de Osama y el desmantelamiento y destrucción de su célula terrorista.

Pero considero que George W. Bush y su administración han ido muy lejos en su deseo de demoler a tan malignos enemigos. Han convertido todo este asunto en una cuestión de odio, una cacería de brujas, una vulgar venganza, donde han tratado de involucrar a todo el mundo, como si el resto del mundo fuera un Estado más de la Unión Americana. Elocuente ha sido el desafío del Presidente Bush al mundo entero, al afirmar que "el mundo, o está con los Estados Unidos, o está en contra de los Estados Unidos", todo esto a propósito del apoyo que esperaban obtener de todas las naciones del mundo, a sus planes intercontinentales de lucha frontal contra los focos de terrorismo y sus patrocinantes en el mundo, en vísperas de la invasión a Afghanistán.

Lo peor que pudo haberle pasado al mundo y, especialmente, a los propios Estados Unidos de América, ha sido la elección de George Walker Bush como el nuevo presidente de su nación. Mejor dicho, su fraudulenta llegada al poder, después de las trampas que se cometieron en las votaciones de Florida, donde su hermano Jeb es Gobernador. El antiguo Gobernador del Estado de Texas, siempre ha estado en el ojo del huracán. Sus antiguas administraciones han estado signadas por los escándalos financieros, el tráfico de influencias y la corrupción galopante. George W. Bush siempre ha estado en entredicho. Se dice que sólo domina el tema petrolero y que su punto débil es la política internacional.

Es bién sabido que la ideología Republicana es esencialmente guerrera y partidaria de los conflictos armados. Y este hombre, el presidente estadounidense, es un guerrero. Los Republicanos y los perros de la guerra siempre han estado asociados el uno con el otro, son como un matrimonio a conveniencia. La última guerra donde estuvo involucrado el ejército norteamericano, antes de la invasión a Afghanistán, fue en el Golfo Persico, en lo que se llamó "La tormenta del Desierto". Y quién ordenó su implementación fue George Bush padre. Así que las casualidades aquí no soportan una revisión con lupa.

Créanme, entonces, cuando les digo que el planeta, en estos momentos, sería un lugar más seguro con Al Gore como presidente de la primera potencia militar del mundo. O con Bill Clinton, al menos él sabía hacer el amor, y lo ponía en practica.

El dolor y el orgullo estadounidense estaban frescos todavía, el recuerdo de las horas de terror y de angustia vividos, casi tres mil almas que dejaron de existir entre los amasijos de hierro de las Torres Gemelas y cientos de otras almas que perecieron dentro de los aviones usados como proyectiles de Alá - según los terroristas que organizaron los ataques -, eran razones más que valederas para iniciar la cacería. Al principio Naciones Unidas estuvo reacia a darle la bendición diplomática a los Estados Unidos de América en sus planes de destruir al régimen Talibán de Afghanistán y de perseguir y eliminar a Osama Bin Laden y a su organización terrorista Al Qaeda. Naciones Unidas no quería darle un cheque en blanco a George W. Bush en sus pretensiones de saciar su sed de venganza; la guerra no podría ser una decisión unilateral. El Consejo de Seguridad y algunos de sus miembros permanentes con derecho de veto, que al principio se oponían a la invasión y guerra total en Afghanistán, al final cedieron a las presiones diplomáticas de USA y de su títere Tony Blair. La guerra estaba a la vuelta de la esquina. Estaba decretada. George, Condolezza, Dick, Colin y compañeros se frotaban las manos con satisfacción. Tony feliz de haberle servido a su amo.

Modernas naves de guerra, incluyendo portaaviones nucleares y fragatas misilísticas. Aviones cazas de última generación, aviones espías, aviones de reconocimiento y de intercepción, aviones de suministro de combustible. Bombarderos B-52. Misiles crucero, misiles teledirigidos, misiles térmicos, misiles aire-tierra, misiles tierra-aire. Miles de soldados, miles de carros, miles de pertrechos militares, miles de proyectiles, granadas y bombas. Miles de vehículos de transporte, tanques y municiones. Todo transportado a territorio Afghano. El enemigo, los Talibanes, no era gran cosa. Los talibanes, mal entrenados en la guerra convencional, sólo serían fieros en una hipotética guerra de guerrillas. Dispuestos en los recodos de las ciudades destruidas, confundidos en el terreno inhóspito del desierto, escondidos en las profundidades de las grutas, galerías y cuevas construidas en las faldas y las laderas de las montañas Afghanas.

La batalla fue desigual. El final, el esperado. Los Talibanes, derrotados, perdieron el control del gobierno. El Mulá Omar y el sanguinario Osama Bin Laden, junto con su séquito de fieles asesinos militantes de Al Qaeda, fueron obligados a dejar las ciudades fantasmas y a defenderse en sus trincheras ubicadas en las montañas. Los aliados, vencieron como estaba previsto. La Casa de Apuestas Londinense Ladbrokes los favorecían 500 a 0. La derrota de ningún modo estaba entre las posibilidades.

Gracias a la magia de las telecomunicaciones pudimos observar la invasión aliada y el desalojo y destrucción casi total de los Talibanes en Afghanistán. Las grandes cadenas de noticias de TV y de la prensa escrita, enviaron a sus mejores y más experimentados fotógrafos y corresponsales de guerra, permitiéndonos ser espectadores, en tiempo real, de todo lo que allí acontecía. Todo grabado con el énfasis en las mejores tomas. Todo fotografiado con los colores más cálidos, todo capturado con la magia de Hollywood, todo en nombre del maldito raiting.

Lo más triste del asunto fueron las muertes de los civiles inocentes. Los ataques quirúrgicos lanzados desde el cielo por los pájaros de metal, en ningún caso son ciento por ciento seguros. A veces las bombas no caen en el blanco, otras veces el blanco no es lo que era. "Error de inteligencia", se dice en estos casos. Pero entonces la muerte se convierte en estadística, en un porcentaje, en un frío número, y termina en bolsas negras. "Bajas de guerra", lo llaman.

Al final, tenemos un nuevo gobierno de unidad nacional en ese pais Musulmán, que responde a los intereses del gigante de América, por supuesto. Para sus habitantes será seguramente un nuevo renacer, especialmente para las mujeres, quienes podrán estudiar y mostrar sus rostros y sus sonrisas, prohibidos por el régimen Talibán. El costo ha sido alto en muerte y destrucción. Miles de toneladas de bombas, metralla y fuego cruzado. Vidas apagadas y vidas secuestradas. Sueños rotos. Lágrimas regadas por las calles polvorientas.

Pero lo que se considera un triunfo por la libertad de los Afghanos, no se disfruta de la misma forma por parte de la administración Bush. Al no existir ni la más remota certeza de la muerte del odiado Bin Laden, su búsqueda continúa. Aún retumban las ondas de las bombas y el ruido de metralla en las montañas Afghanas, en un esfuerzo supremo por darle muerte y, en el mejor de los casos, por recuperar su cadáver, para mostrarlo como un trofeo de guerra.

Hoy, de vez en cuando, recibimos noticias de Afghanistán, de su gobierno de unidad nacional, de luchas intestinas por cuotas de poder, de atentados y de gritos de muerte. Bush ha prometido poner todo su empeño en enviar ayudas a esta nación... después de todo sirvió a sus intereses belicistas, Bush debe darse por bien servido.

El belicista presidente de la primera potencia mundial es arrogante, de eso no hay dudas. No acepta las críticas que sus propios compatriotas, desde los sindicatos, desde los sectores de la sociedad civil, desde las organizaciones no gubernamentales, desde las universidades, desde los foros políticos, desde las tribunas religiosas, le hacen a su beligerante política internacional. Algunos, simplemente sienten verguenza por la administración Bush. Y especialmente por prestarle oídos sordos al sentimiento general de repudio a la guerra que pretende hacerle a Irak.

Por otro lado la televisora con asentamiento en Qatar, AlJazeera, ha difundido videos y grabaciones del malvado Osama Bin Laden, supuestamente originales y de nueva data. Lo cual reforzaría la tesis de que está vivo y oculto en algún rincón del mundo. El propio gobierno de los Estados Unidos no ha negado del todo esta especie. Les conviene, para sus propósitos de continuar con esta vorágine de guerra globalizada.

Después de todo, para el Tío Sam, el mundo es un traje hecho a su medida. Y hay mucha tela que cortar. Presiento que vienen de regreso los tiempos del "lejano oeste". Sólo que esta vez la historia no será extraída de un libro de bolsillo o de una revista de vaqueros, donde el protagonista era el pistolero más rápido, medía seis pies y dos pulgadas, y los malos eran los Indios. Vientos de guerra soplarán. Los tambores de guerra no dejarán de sonar; no con este presidente Bush, fiel perro de la guerra.

Por lo pronto, nadie parece capaz de revelarle al señor George Walker Bush, las terribles consecuencias de la sentencia bíblica que dice que "el que a hierro mata, a hierro muere". Ojalá me equivoque, pero, lamentablemente, eso pasa muy pocas veces, realmente.

by Bruno Spelorzi

(Ensayo escrito en Febrero de 2003 a dos años de aquel fatídico once de Septiembre de 2001, cuando los EE. UU. fueron sometidos - con la fuerza del terrorismo - a horas de terror y años de sufrimiento. El profesor de la UCV Giulio Santosuosso lo calificó como "un texto poético y un brillante testimonio humano).

Bruno,

Si me permites usar tus palabras...

"las casualidades aquí no soportan una revisión con lupa." Para mi, Osama, ex-agente de la CIA, nunca dejó de serlo y muy probablemente Al Qaeda tenga la misma factura. Hoy, resulta claro quienes han salido "ganando" con todo esto y es más evidente que todo el asunto 9/11 simplemente "es un traje hecho a su medida", a la medida de G.W. Bush y los intereses a los que ese títere representa. El no es más que un Dictador impuesto por la elite más obscura del planeta.

Oh Dios, que día funesto. Aún recuerdo, que luego de ver en vivo, al segundo avión estrellarse, el "otro" en el pentágono y la primera de las torres "derrumbarse", abracé mi cabeza mientras y me balanceaba como autista diciendo: "No. No. No. Estos hijos de puta lo hicieron... ellos mismos las tumbaron... y con esto justificarán su armagedón"; y sentí miedo, mucho miedo, por todos nosotros.

Ninguno de mis amigos y compañeros de trabajo me entendió en ese momento. Todos me decían: ¡¿Que?, estas loco. Nadie es capaz de una vaina así!.

Hoy, todos ellos lo creen. De eso y más.

Hoy el mundo es otro, definitivamente. Hasta cierto punto podríamos decir que les pertenece, inevitablemente.

Tu ensayo es excelente. Y tiene, desde una perspectiva actual, la rara virtud de otorgar el beneficio de la duda, que muchos no le damos, al Gobierno de G.W., en relación a la autoría de los atentados.

Bien vale la pena pulirlo. Así que si me permites las correcciones, mi amigo, éstas son dos:

"lavoro", en el 9no. párrafo, lo escribiste en italiano. Jeje. xD

En el 18vo. No son 30 mil sino aproximadamente 3 mil. De cualquier forma es algo que, aún hoy, llena mis ojos de lágrimas de arrechera, de impotencia y de tristeza «al igual que las muchas miles de muertes injustificables que ocurren a diario en este planeta».

Un abrazo pana. Espero echarme unas birras contigo algún día. Ojalá podamos, además, reírnos de todo esto si algún día "encuentran y retienen" a Al Qaeda.

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

Amigo Bruno, gracias por tus palabras en mi blog.
Estoy trabajando mucho en los últimos tiempos, tanto es así que no tengo tiempo para mí, pero entre todos mis proyectos está publicar un artículo en mi blog, referente a los acontecimientos que van a acaecer en el mundo irremediablemente. El mundo se nos cae encima a todos, y todos tenemos culpa de ello, por haber creido en un personaje real que aparenta ser un ángel cuando es realmente el demonio que nos llevará al final. El por qué de nuestra ignorancia, la frivolidad, la vanidad, la intolerancia, la envidia, la ambición de poder, el salvajismo que llevamos dentro...por muchas razones, el fin en un plis plas.

Me ha gustado mucho este post de hoy.

Un abrazo.

bohemiamar.

Aunque extenso, me voy a dar el tiempo de seguir tu análisis.

Hice un breve análisis acerca de lo que significó ese 11-S en mi vida. ¿Cómo hablar de proporcionalidades adecuadas si una parte está constituída como Estado y otra se oculta en las sombras?

Bush creyó que el cheque en blanco dado para Afganistán podría cobrarlo también en Irak, pero no ha sido así. ¿Teoría de la Conspiración? Hay muchas cosas que decir contra Bush...pero no lo considero tan demente para hacer algo de ese tipo.

Es perfectamente lógico que ni la CIA ni nadie haya detectado el germen del plan de Al Qaeda; la razón es el celo profesional entre las agencias de seguridad en USA.

Saludos cordiales.

como diria mi abuela: "vivimos en un mundo de locos", yo agregaría : "vivimos en un mundo de locos y de inrresponsables"...
saluditos

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